Prólogo
En mis sueños el mundo sigue siendo verde y azul.
Despierto. Dentro de la cápsula todo es negro, o, quizás, es que mis ojos aún no recuerdan como abrirse. Despierto. Me siento confuso, como si mi cuerpo fuera de plomo, el peso de la oscuridad intenta arrastrarme de nuevo hacia las profundidades del abismo. Despierto. El tiempo toma cuerpo y dimensión, durante el largosueño todo carece de significado y los sueños se relentecen hasta casi detenerse. Despierto. Soy consciente del transcurrir de los minutos; hace un buen rato que empezó el despertar, quizás una veinteava parte de ciclo. El guardián anterior no ha venido a ayudarme. Algo anda mal.
Poco a poco tomo conciencia de mi mismo. Alargo una mano; tengo que salir de la cápsula. El brazo pesa media tonelada y al moverlo tengo la sensación de abrirme paso entre agua densa. La mano se apoya débilmente en el rugoso interior de la cubierta protectora. La aspereza y el frío que me transmite ayudan a despertarme. Respiro. Despacio. Lentamente fuerzo una abertura a través de la que pueda salir. Fuera únicamente hay oscuridad profunda.
Una brisa fresca me acaricia la cara. Cuando me siento con fuerzas, me aferro al borde de la abertura y salgo de la cápsula. El suelo está frío y capas de polvo se me pegan al cuerpo. Aquí la temperatura es significativamente más baja que dentro y, de repente, soy plenamente consciente de mi desnudez. A estas alturas mis ojos ya se han puesto en funcionamiento y se han adaptado a la oscuridad. Busco la taquilla. Dentro encuentro un uniforme en un estado bastante avanzado de deterioro, pero me lo pongo de todos modos. Huele extraño, con un olor entre acre y viejo. Resulta evidente que alguien ha descuidado el mantenimiento. Durante un instante intento recordar a quién debo relevar, pero me resulta imposible visualizar su cara. Tengo la mente embotada y el cuerpo adormecido y débil.
Intento maldecir, frustrado, pero me arrepiento inmediatamente cuando la garganta me recuerda que lleva años seca.
Entonces veo la cajita plateada. Los recuerdos vuelven como la marea. La recuerdo, es... importante? Ella me la dió. Para que la recordara, para no olvidar. Me la dio en otra vida, diez sueños atrás, en el crepúsculo de un mundo moribundo, hace más de cien años. Se la dio a alguien que ya no existe, al hombre que recordaba el sabor de sus besos, el sonido de su risa, a aquél que había explorado cada rincón de su cuerpo y había trazado un mapa de su alma. El viento del olvido y los largosueños me habían robado los detalles, las pequeñas cosas que daban lugar a la nostálgia. Ni siquiera recodaba su rostro y, a pesar de todo, de algún modo seguía aferrándose a mi memoria.
* * *
Los pasillos tienen el mismo aspecto abandonado que la habitación. Subo por una escalera tubular, tengo que llegar a los niveles superiores. Allí están las secciones habilitadas para el guardián en activo y si mi predecesor sigue vivo, será donde lo encontraré.
Para cuando consigo ascender los siete niveles que me separan del superior, me arden las piernas y sudo y resuello con fuerza. La buena noticia es que he encontrado a quién debo relevar. La mala es que está muerto. Le cayó encima la mitad del techo de la sala de control, con lo que parece ser el colapso de gran parte del nivel. Jodida suerte. Al parecer murió hace mucho tiempo, de su cadáver únicamente queda el esqueleto. Se puede ver por donde se le quebraron las piernas sepultadas.
Hago una pequeña exploración. Me revela lo que me temía: casi dos tercios del nivel están sepultados, incluyendo los laboratorios, la sala común, los dormitorios y, como no podía ser de otra manera, el acceso al exterior.
No todo son malas noticias, las letrinas han quedado intactas, y parece que hay flujo de agua en las duchas. Bebo. Me alivio. Me ducho. El agua recorriendo mi cuerpo me produce un placer indescriptible. Hay varias despensas que han sobrevivido. Comida preservada hace más de un siglo, raciones especialmente diseñadas para contener todos los nutrientes necesarios para mantener a buen soldado en funcionamiento; al parecer no quedaba sitio para el sabor. Como. Mataría por un poco de mantequilla y miel.
Ahora puedo pensar con más claridad, y me doy cuenta del problema y lo que representa. También me doy cuenta de que esto no puede haber pasado, el refugio se construyó con múltiples medidas de seguridad, se preparó para que durara hasta el fin de los tiempos si fuese necesario.
Quizá no todo sea mala suerte, al parecer la parte más septentrional ha quedado relativamente intacta.
La sala de sensores tiene daños mínimos, puede que encuentre alguna respuesta. He de reconocer que los sensores jamás han sido mi fuerte, no soy un sabio, pero fui adiestrado en su uso y, si no fuese capaz de conseguir un alineamiento óptimo, jamás habría sido escogido para esta misión.
La sala de sensores tiene daños mínimos, puede que encuentre alguna respuesta. He de reconocer que los sensores jamás han sido mi fuerte, no soy un sabio, pero fui adiestrado en su uso y, si no fuese capaz de conseguir un alineamiento óptimo, jamás habría sido escogido para esta misión.
El primer contacto siempre es brusco, mareante... concentrarse, eliminar distorsiones, proyectarse y… de repente, darte cuenta de que tu mundo está patas arriba, y de que algo ha ido mal, muy, muy mal.
ES interesant :)
ResponEliminam'agrada especialment la descripció del record, o el no-record
Cony, i la continuació?
ResponEliminaAmb candeletes.
hophop
I doncs? Això no es mou...
ResponEliminahophop
Ara que me l'he rellegit revisc la sensació d'ànsia per saber la continuació que vaig tenir la primera vegada. Quan la continuació, es fa esperar més que un llibre del senyor Martin!
ResponEliminaQuè he passat amb la publicitat? És com si a una peli li haguessin tret els tràilers.
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